Intervenciones

Intervenciones

Un instrumento de más 100 años es inevitable que haya sufrido alguna que otra reparación o ajuste: siempre se despega algún traste o se han desgastado tanto por el uso que es necesario sustituirlos, o alguno de los huesos no ajusta, los mecanismos del clavijero se van desgastando, etc.

Este instrumento además presenta el añadido de que en alguna de sus épocas no ha estado tan bien cuidado como se merece y ha sufrido algún daño que ha obligado a alguna reparación de importancia.

Entre 1955 y 1966 los tres hermanos Banchetti, de origen italiano, (posiblemente Germano que era el más conocido o Paris el siguiente más conocido) modifican la guitarra de siete a seis cuerdas bajo petición de Rodríguez Inda y con la opinión en contra de Atilio Rapat. Para ello se cortan los laterales de la cabeza, se ciegan los huecos de los husillos de la cuarta a la séptima cuerda y se colocan nuevos laterales y la tapa superior de la pala. Todo ello, un trabajo de gran finura aunque desafortunado en el concepto[1].

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Es casi seguro que en esta época, posiblemente por los propios Banchetti, la guitarra es abierta por el fondo y reparada la tapa armónica con piezas de pino para coser alguna grieta y se realiza un refuerzo inferior del puente (posiblemente por la necesidad de la sustitución del de cordal de siete cuerdas por el nuevo de seis).

Las informaciones ofrecidas por Benítez nos hablan de que también en esta época (en cualquier caso, previamente a 1968), la guitarra poseía un “tinte oscuro”, presumiblemente en los aros y fondo, que fue retirado y el instrumento rebarnizado con tonos naturales. Esta información sin embargo nos parece un tanto extraña, puesto que los aros y el fondo son de un precioso arce rizado de gran calidad, en la línea de los trabajos superiores de Antonio de Torres. Es decir, no para ocultar sino para mostrar. Torres reservaba estas maderas para encargos especiales, tal y como nos indica Romanillos[2].

El luthier Hilario Barrera[3] repara la guitarra entre 1966 y 1968, puesto que Benítez asegura que la guitarra ya había sido reparada cuando él la toca en 1968, y Alfredo Escande sitúa los inicios como luthier de Barrera hacia 1966-1967.

Aunque Barrera realizó varios trabajos en esta guitarra, destaca el arreglo de un agujero en el aro del lóbulo menor. La reparación fue orgullosamente mostrada siempre por el luthier uruguayo, quien sustituye parte del aro con una madera de arce rizado muy similar a la original y que Rodríguez Inda le consiguió en el luthier Eduardo Miranda[4]. A simple vista no se aprecia, salvo que uno observe y busque la reparación, y el resultado es muy bueno.

Barrera recuerda que cuando se la llevó Rodríguez Inda presentaba “serios deterioros”, incluyendo quemaduras de cigarro (algo que también podemos encontrar en las guitarras legadas por Francisco Tárrega) y otros desperfectos. Algunas de las reparaciones son los cosidos de las grietas de la tapa, empleando piezas de pino en forma de rombo, una técnica que Barrera reconoce como propia en sus arreglos. Barrera no abrió la guitarra pues los refuerzos muestran el típico agujero de la herramienta que los coloca desde la boca.

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Observando el interior se pueden detectar otras reparaciones como reconstrucción de algunas varetas del abanico (con cola blanca que muestran aspecto de más nuevas que otras con cola natural) y reforzado de los aros y boca con “chuletas” de pino y algún puntal en los costales con cedro. Igualmente se ve el puente (necesariamente nuevo al necesitar un cordal para las seis cuerdas) reforzado inferiormente y algún cosido de grietas con piezas rectangulares de fecha indeterminada, aunque posiblemente realizados cuando se abrió la guitarra.

Igualmente se observan pequeñas sustituciones del fileteado perimetral en la tapa en la zona donde el guitarrista apoya el brazo derecho y otros pequeños retoques de barniz en golpes menores.

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[1] Si la séptima cuerda volaba por encima del diapasón, para ser tocada solamente al aire, sin pisar, como ocurre en la foto de 1922, simplemente con no montar esta cuerda la guitarra mantendría sus seis cuerdas de una manera ortodoxa y sin necesidad de trabajos irreversibles como el realizado.

[2] Romanillos, J. L., Antonio de Torres. Guitarrero, su vida y obra, p.108 y p.296, Instituto de Estudios Almerienses, Fundación Cajamar, Colección Historia, 15, Almería, 2008

[3] Hilario Barrera. Nacido en 1934 en Barriga Negra, departamento de Lavalleja (Uruguay), aprendió del luthier Antonio Pereira Velazco y se instaló como constructor y restaurador de guitarras a partir de 1967. Numerosos guitarristas clásicos y famosos músicos populares han adquirido sus más de 120 guitarras o le han llevado a reparar sus instrumentos, además de restaurar violines, violonchelos y contrabajos. Ha sido premiado “en reconocimiento a su aporte a la identidad cultural del pueblo uruguayo como luthier”.

[4] Información ofrecida por A. Escande tras entrevistarse con Barrera en julio de 2013 y consultar éste sus cuadernos de taller.

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